Historias de un Operador de Cámara
Hace una semana que publicamos la foto de la semana titulada “Jugándose el tipo”. Pues bien, Juanma Cuellar nos narra la experiencia en lo que empezará como nueva sección: Historias de un operador de cámara.
Esperamos que os guste:
” Julián Simón, toledano, campeón de velocidad en varios circuitos internacionales de motociclismo, entrena en esta pista de karts de Villacañas. Lo hace pilotando una moto de cross calzada con slicks (ruedas lisas de competición). Se trata de una modalidad llamada “supermotard”, espectacular por las impresionantes derrapadas a las que obliga la altura de la moto de cross en las curvas. El 17 de abril de 2009 estuve grabando uno de esos entrenamientos para el informativo. El material estaba destinado a una noticia de minuto y medio como mucho.
Ya sabemos las dificultades que comporta trasladar al vídeo la sensación de velocidad que se percibe en una pista de carreras al natural. Las imágenes siempre parecen más estáticas. Un buen montaje es fundamental para recrear la sensación dinámica. Hay que estar atentos para detectar las secuencias potenciales que funcionen bien como arranque, como transiciones, grabar siempre (siempre es siempre) planos y contraplanos en todas las focales que nuestra agilidad profesional permita, y recursos, para hacer viable el montaje de cualquier secuencia en duraciones diversas, contando con el eje de acción y posibles saltos del mismo para romper la dinámica.
Aún así… hay cierta sensación de potencia salvaje que escapa a las posibilidades del montaje. Es la fuerza que transmite una buena foto. ¿Cómo llevamos esto al vídeo? Supongo que cada cual tiene sus trucos, en sintonía con la sensibilidad de cada uno. En este caso, una tarde de primavera con un cielo absolutamente tallado de nubes a punto de estallar en tormenta, una luz de sol semifiltrado que daba una textura acerada a contraluz… Decidí subir la obturación de la Betacam SX a 1/1000. Esto proporcionó bordes afilados en las figuras en movimiento. Estuve grabando desde trípode con duplicador para acentuar la sensación de vértigo.
Utilicé un objetivo angular en los preparativos, detalles del arranque, instalación de los calentadores de ruedas, entrevistas… Y el plano de apertura del reportaje surgió inesperadamente. En la recta de más velocidad, instalé la cámara a la altura del suelo con el objetivo normal (7.7-131) a la mínima focal (plano abierto). Mantuve la obturación a 1/1000 y pedí al piloto que pasara a toda velocidad lo más cerca posible de mi posición. Encuadré sobre el asfalto y escuché el rugido del potente motor aproximarse. El sol producía un bonito contraluz. Observad cómo en la foto aparece iluminado el frontal del piloto, mientras su espalda (lo que grabará la cámara al pasar) queda en el contraluz mencionado. Fue como si un trueno me hubiese rozado en un golpe de viento. Levanté la cabeza y vi como el redactor y los allí presentes contemplaban helados que aún seguía vivo. La moto pasó a escasos centímetros de mi cabeza. De vuelta a la tele, visionamos la cinta y no tuvimos dudas: ahí estaba el plano de apertura de nuestro reportaje de minuto y medio. Potente como un disparo a quemarropa.”
Agradecemos la colaboración al autor de este artículo: Juanma Cuellar















